Ciudad de México
La inteligencia artificial atraviesa su fase de mayor expansión empresarial en América Latina.
De acuerdo con el informe Latin America in the Intelligent Age del World Economic Forum en colaboración con McKinsey (2026), 38% de las empresas en la región ya implementan casos de uso de inteligencia artificial generativa, mientras que seis de cada diez organizaciones exploran aplicaciones más avanzadas o planean escalarlas en el corto plazo.
Sin embargo, el ritmo de adopción no se refleja con la misma intensidad en resultados financieros.
El mismo estudio revela que solo 23% de las organizaciones reporta generar valor económico medible a partir de la IA, y apenas 6% captura un impacto significativo en sus indicadores de negocio.
La brecha no es tecnológica, es estructural.A esto se suma que, según el reporte State of AI in the Enterprise 2026 de Deloitte, solo 34% de las empresas a nivel global está utilizando inteligencia artificial para reinventar procesos o desarrollar nuevos productos, mientras la mayoría la emplea para mejoras incrementales de eficiencia.
El resultado es un mercado donde la narrativa de modernización avanza más rápido que la transformación operativa.En este escenario, la ventaja competitiva comienza a definirse por la profundidad de integración.“El mercado mexicano maduró más rápido de lo que esperábamos.
Las empresas ya no preguntan si la IA funciona, preguntan cuándo pueden arrancar. Pero arrancar no es hacer una prueba piloto, es operar con soluciones integradas que generen retorno medible desde el primer trimestre.
Ese es el estándar que el mercado mexicano necesita empezar a exigir”, afirmó Nayid Aguilar, Co-Fundador y Presidente de Creai.Para el directivo, el punto de inflexión no está en la herramienta, sino en el modelo de implementación.
La conversación dejó de girar en torno a pruebas controladas y pasó a centrarse en el impacto financiero concreto.
“Nosotros siempre hablamos en términos financieros: si no hay retorno de inversión, es mejor no hacerlo. Cuanto más profunda es la integración en el core del negocio, mayor es el impacto. Hemos visto retornos de entre 45% y 600%”, añadió.
En sectores como seguros, recursos humanos, movilidad y logística, la integración profunda de inteligencia artificial ya genera retornos financieros medibles en operaciones que administran miles de millones de dólares en primas, nómina y activos.
La automatización de procesos críticos ha permitido registrar ahorros anuales de doble dígito en millones de dólares, reducciones superiores al 60% en tiempos operativos y mejoras estructurales en eficiencia.
Estos resultados no provienen de pruebas piloto ni de optimizaciones aisladas, sino de rediseños operativos completos que impactan áreas centrales del negocio.
Cuando la inteligencia artificial se integra en el núcleo de la operación, el efecto deja de ser incremental y comienza a reflejarse directamente en margen operativo, control de costos y capacidad de crecimiento.
Creai, que en menos de dos años pasó de 12 a más de 150 colaboradores operando en siete países, proyecta alcanzar los 500 empleados en América Latina durante 2026.
El crecimiento responde a una convicción de que la región no necesita importar soluciones de inteligencia artificial, sino construir las propias desde un entendimiento profundo de sus mercados, sus regulaciones y sus procesos de negocio.
Ese es precisamente el diferencial que convierte la adopción en impacto.
La brecha no estará entre quienes usan inteligencia artificial y quienes no, sino entre quienes la integran en su modelo operativo y quienes la mantienen como experimento.
Esa diferencia comenzará a expresarse en márgenes, eficiencia y liderazgo sectorial.

