Monterrey, Nuevo León
Con un llamado a una movilidad con mayor acceso, es decir, con la capacidad de trasladarse sin que el costo, el tiempo o el riesgo se conviertan en barreras y con un plan integral que trascienda administraciones, cerró el Foro MTY Movilidad Urbana, organizado por Consejo Cívico.
En Nuevo León, la movilidad no es un fin en sí mismo: es el medio que permite a las personas ejercer su libertad. Llegar al trabajo sin perder horas valiosas, acudir a la escuela, recibir atención médica, convivir con la familia o simplemente vivir plenamente la ciudad. En esencia, la movilidad existe para garantizar accesibilidad, la capacidad de llegar a lo que necesitamos sin que el costo, el tiempo o el riesgo se conviertan en barreras.
Hoy, esa accesibilidad está comprometida, concluyeron los expertos citados en el Foro MTY. Movernos en la metrópoli implica tarifas elevadas, trayectos que superan las tres horas diarias y una pérdida constante de calidad de vida. A esto se suma un crecimiento urbano desordenado que ha dejado zonas sin transporte público, espacios donde solo es posible llegar en automóvil y entornos inseguros para peatones, ciclistas y usuarios de micromovilidad.
“Si lo que queremos es una ciudad donde la gente no espere dos horas y media de traslado todo el tiempo, pues hay que maximizar el acceso y los tiempos de viaje. Hay que tener un plan que logra las metas que la comunidad quiere y solo teniendo un plan y estas conversaciones claras es que podemos tener la ciudad que queremos tener”, explicó Ricky Angueira, especialista de talla internacional en rediseños de redes de transporte y planeación de largo plazo.
El Foro MTY permitió poner sobre la mesa una visión más clara y compartida: la movilidad debe diseñarse desde las personas y para las personas, entendiendo sus trayectos reales, sus tiempos, sus necesidades y sus aspiraciones.
“Necesitamos un plan rector que trascienda administraciones, que no solo piensa en tres o en seis años, que esté pensando en los próximos 15, 20, 30 años. La meta es muy clara, una ciudad donde podamos estar cercanos. Desde Consejo Cívico exhortamos a dejar de ver la movilidad como un problema solo de ingeniería y de empezar a entenderla como un proyecto de vida”, instó Mauricio de la Garza Garza, Presidente de Consejo Cívico.
Las conclusiones del Foro ofrecieron un marco para la toma de decisiones que prioriza la accesibilidad, la equidad y la prosperidad urbana.
Tres ideas centrales emergieron con fuerza:
- La frecuencia y disponibilidad del transporte público importan más que la velocidad. Un sistema con unidades suficientes, bien distribuidas y con tiempos de espera cortos transforma la experiencia del usuario, reduce la saturación y mejora la seguridad. La movilidad eficiente no es la que corre más rápido, sino la que está ahí cuando la necesitas.
- La planeación debe nacer desde la comunidad, no desde un modelo rígido de ciudad. Las personas revelan dónde están las distancias que duelen, hacia dónde se mueven, dónde surgen nuevos nodos y qué rutas requieren prioridad. Atender a estos grupos no es solo una política social: es una estrategia que reduce emisiones, impulsa la equidad y expande la prosperidad urbana.
- La congestión no se elimina: se administra. El transporte público no desaparece el tráfico, pero sí permite que la ciudad crezca sin colapsar. Al mover a más personas en menos espacio, crea una congestión controlada que libera oportunidades económicas y garantiza que más habitantes puedan desplazarse sin depender del automóvil.
Finalmente, el Foro MTY subrayó que la movilidad debe medirse por la accesibilidad y la experiencia, no solo por el número de usuarios o el nivel de tráfico.
Cuando aumenta la disponibilidad del transporte, crece la demanda, pero también disminuye la contaminación, mejora la equidad y se fortalece la economía.
La pregunta clave ya no es “¿cuánto tráfico hay?”, sino “¿qué tan libre es la vida de las personas para moverse y acceder a lo que necesitan?”.
