Monterrey, NL
Más de 90 organizaciones de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas rechazamos que el
gobierno federal proponga expandir el fracking en nuestro territorio.
Personas, comunidades y organizaciones de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas nos hemos
articulado como Noreste Sin Fracking para rechazar la extracción de gas mediante fractura hdráulica (fracking) en nuestros estados.

Frente a la desinformación que se ha instalado en las últimas semanas, decimos con claridad que el fracking es una amenaza directa para el agua, el aire, el suelo y la salud pública del Noreste de México.
Mientras la presidenta Claudia Sheinbaum propone un “comité científico” para discutir un
supuesto fracking “sustentable”, con la participación de universidades como la Universidad Autónoma de Nuevo León y la Universidad Autónoma de Coahuila, la evidencia internacional es clara: el fracking consume enormes cantidades de agua, la contamina con químicos tóxicos, genera residuos peligrosos, afecta la salud de las personas y deja daños duraderos en los
territorios. No existe el fracking sustentable.

En un comunicado establecen que lo que está empujando al Gobierno federal a recurrir al fracking, pese a sus promesas de
prohibirlo, no es el bienestar de las comunidades: es la creciente demanda de gas de un modelo industrial cada vez más voraz.

El gas extraído mediante fracking serviría para
sostener y expandir a las grandes industrias que ya han sacrificado poblaciones enteras en el Noreste, en ciudades como Monclova, Monterrey y Reynosa, donde el deterioro de la salud, del agua y del aire se ha tratado como un costo aceptable del “desarrollo”.

Mientras las ganancias se concentran en los corredores industriales, las comunidades rurales donde se ejecutaría el fracking quedarían obligadas a cargar con sus peores consecuencias, con cada vez menos condiciones para sostener sus formas de vida.
Es falso que el fracking representa soberanía energética y desarrollo duradero para
México.

Al contrario, profundizaría la dependencia del país a los combustibles fósiles y sólo podría llevarse a cabo con la intervención de empresas extranjeras que concentran la
tecnología, la experiencia, la mano de obra y el financiamiento necesarios.

Dijeron que tampoco es cierto que sea un gran generador de empleo. Incluso en Pennsylvania, uno de los epicentros del fracking en Estados Unidos, esta industria representa apenas el 0.32% de los empleos del estado, aun con producción de gas en niveles casi récord.

Los trabajos que genera son pocos, cada vez más especializados y cada vez menos numerosas.

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